Tarkovsky

Humor para cinéfilos.

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Leólo

09/04/2012 1 comentario

Porque sueño, yo no lo estoy
porque sueño, sueño.
Porque me abandono por las noches a mis sueños
antes de que me deje el día.
Porque no amo
porque me asusta amar
ya no sueño
ya no sueño.

 

A ti, la dama
la audaz melancolía
que con grito colitario hiendes mis carnes ofreciendolas al tedio.
Tú, que atormentas mis noches
cuando no sé qué camino de mi vida tomar,
te he pagado cien veces mi deuda.
De las brasas del ensueño
solo me quedan las cenizas de una sombra de la mentira
que tú misma me habías obligado a oír.
Y la blanca plenitud
no era como el viejo interludio
y sí una morena de finos tobillos
que me clavó la pena
de un pecho punzante en el que creí
y que no me dejó más que el remordimiento
de haber visto nacer la luz sobre mi soledad.

Réjean Ducharme

Fragmento de la película Leólo

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Validation

Las historias dulces siempre corren el riesgo de empalagar, pero si consiguen no hacerlo, dejan muy buen sabor de boca. Esta es una de esas que pueden alegrarte una tarde o dos.

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Preámbulo a un silencio

Porque se tiene conciencia de la inutilidad de tantas cosas
a veces uno se sienta tranquilamente a la sombra de un árbol                                               -en verano-
y se calla.

(¿Dije tranquilamente? falso, falso:
uno se sienta inquieto, haciendo extraños gestos,
pisoteando las hojas abatidas
por la furia de un otoño sombrío,
destrozando con los dedos el cartón inocente de una caja de fósforos,
mordiendo injustamente las uñas de esos dedos,
escupiendo en los charcos invernales,
golpeando con el puño cerrado la piel rugosa de las casas
que permanecen indiferentes al paso de la primavera
una primavera urbana que asoma con timidez los flecos
de sus cabellos verdes allá arriba,
detrás del zinc oscuro de los canalones,
levemente arraigada a la materia efímera de las tejas a
punto de ser de polvo.)
Eso es cierto, tan cierto
como que tengo un nombre con alas celestiales,
arcangélico nombre que a nada corresponde:
Ángel
me dicen
y yo me levanto
disciplinado y recto
con las alas mordidas
           quiero decir: las uñas
y sonrío y me callo porque, en último extremo,
uno tiene conciencia
de la inutilidad de todas las palabras.

Ángel González

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Amor, dolor, compasión y personalidad

[...]                                                                                                                                                                                                                                         Hay sin duda, algo de trágicamente destructivo en el fondo del amor, tal como en su forma primitiva animal se nos presenta, en el invencible instinto que empuja a un macho y una hembra a confundir sus entrañas en un apretón de furia. Lo mismo que les confunde los cuerpos, les separa, en cierto respecto, las almas;  al abrazarse se odian tanto como se aman, y sobre todo luchan, luchan por un tercero aún sin vida. El amor es una lucha, y especies animales hay en que al unirse el macho a la hembra la maltrata, y otras en que la hembra devora al macho luego que éste la hubo fecundado.

Hase dicho del amor que es un egoísmo mutuo. Y de hecho cada uno de los amantes busca poseer al otro, y buscando mediante él, sin entonces pensarlo ni proponérselo, su propia perpetuación, que es el fin, ¿qué es sino avaricia? Y es posible que haya quien para mejor perpetuarse guarde su virginidad. Y para perpetuar algo más humano que la carne.

Porque lo que perpetúan los amantes sobre la tierra es la carne del dolor, es el dolor, es la muerte. El amor es hermano, hijo y a la vez padre de la muerte, que es su hermana, su madre y su hija. Y así es que hay en la hondura del amor una hondura de eterno desesperarse, de la cual brotan la esperanza y el consuelo. Porque de este amor carnal y primitivo de que vengo hablando, de este amor de todo el cuerpo con sus sentidos, que es el origen animal de la sociedad humana, de este enamoramiento surge el amor espiritual y doloroso.

Esta otra forma de amor, este amor espiritual, nace del dolor, nace de la muerte del amor carnal; nace también del compasivo sentimiento de protección que los padres experimentan ante los hijos desvalidos. Los amantes no llegan a amarse con dejación de sí mismos, con verdadera fusión de sus almas, y no ya de sus cuerpos, sino luego que el mazo poderoso del almirez de pena. El amor sensual confundía sus cuerpos, pero separaba sus almas, manteníalas extrañas una a otra; mas de este amor tuvieron un fruto de carne, un hijo. Y este hijo engendrado en muerte, enfermó acaso y se murió. Y sucedió que sobre el fruto de su fusión carnal y separación o mutuo extrañamiento espiritual, separados y fríos de dolor sus cuerpos, pero confundidas en dolor sus almas, se dieron los amantes, los padres, un abrazo de desesperación y nació entonces de la muerte del hijo de la carne, el verdadero amor espiritual. O bien, roto el lazo de carne que les unía, respiraron con suspiro de liberación. Porque los hombres sólo se aman con amor espiritual cuando han sufrido juntos un mismo dolor, cuando araron durante algún tiempo la tierra pedregosa uncidos al mismo yugo de un dolor común. Entonces se conocieron y se sintieron, y se consintieron en su común miseria, se compadecieron y se amaron. Porque amar es compadecer, y si a los cuerpos les une el goce, úneles a las almas la pena. [...]

“DEL SENTIMIENTO TRÁGICO DE LA VIDA”

Miguel de Unamuno

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El viejo y el mar

Aleksandr Petrov hace animación al óleo. El aclamado artista pinta y filma la evolución de los colores en el cuadro para contar relatos. “El viejo y el mar” es una adaptación de una novela de Hemingway.

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Magnolia

22/01/2012 2 comentarios

Crítica:“Magnolia es preciosa, es arte, es una ópera, es pura poesía.”

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