José Ramón Bauzá

Estamos sufriendo una crisis política a nivel mundial y como no podía ser de otra manera, España está metida hasta las vergüenzas. El sentimiento general de la gente hacia los políticos es, merecidamente, de una enorme desconfianza y es que poco a poco han ido perdiendo todo su crédito. La democracia es prácticamente inexistente ya que no podemos elegir qué multinacional o qué “Lobby” va a tomar las decisiones por nuestro gobierno. Los ministros, senadores, alcaldes y demás políticos de medio pelo, algunos sabedores de que han perdido capacidad de maniobra frente a esos que llaman mercados y que parecen no tener apellidos, siguen exprimiendo al máximo el tinglado gubernamental establecido y por el momento no ha habido ninguno de ellos suficientemente influyente que haya hablado claro. Todavía no hemos dado ese salto de calidad en el que los representantes de los ciudadanos admiten haber cometido errores o son francos y transparentes en sus discursos, eso es demasiado decente y no está bien visto.

Los pocos adeptos que les quedan a los partidos políticos, son la mayoría trepas o “hooligans” poco pensantes. Los primeros, archiconocidos, son carroñeros de la sociedad pero al menos tienen un objetivo claro. Los segundos, me resultan graciosos y también me producen un poco de lástima: son instruidos desde pequeños en la defensa de un escudo y a partir de aquí se lo tomarán como algo personal y lo defenderán con uñas y dientes, con pasión, sin meditar; no hay lugar para la rectificación.

Por otro lado, debido al bipartidismo existente, amparado por la ley electoral, resulta complicado mostrar estas sensaciones en las urnas. De forma que ni siquiera tenemos flexibilidad para elegir a los segundos de a bordo en el mando (el gobierno).

Pero aún así, seguimos marchando en la misma dirección y pese al disgusto político-económico, la gente no protesta en serio. Quizás porque el principio de “Le Chatelier” afecta también a la especia humana (Todo sistema tiende a volver su anterior estado cuando se produce un cambio en alguna de sus variables), o quizás porque todavía tenemos una vida más o menos digna y hay mucho que perder. Supongo que cuando algún magnate de los negocios, un tanto vanguardista, intente privatizarnos también a las madres, estallará una revolución.

En este contexto, me sirve como cabeza de turco el señor José Ramón Bauzá, presidente de las Islas Baleares, que ilustró a las masas con este discurso y además fue aplaudido. Por eso creo que tiene muy merecido ser el primer IMBÉCIL.

Despues de verlo, es díficil no acordarse del discurso que nos ofrece el alcalde de “Villar del río” en la famosa comedia de Berlanga “Bienvenido, Mister Marshall”.

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